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Los Ovnis...


EL PAPEL DE LA C.I.A. EN EL ESTUDIO DE LOS OVNIS, 1947-1990

El mito de los ovnis agoniza tras confesar el Gobierno de los EE.UU. que mintió sobre su existencia

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Principios de agosto de 1997. La prensa internacional, y la española no queda al margen, se hace eco de una curiosa noticia. Un informe de Gerald K. Haines, historiador de la Oficina de Reconocimiento de la CIA titulado, «El papel de la CIA en el estudio de los ovnis 1947-1990» aparecía sin previo aviso en Internet, en donde la agencia de inteligencia coloca artículos sobre su actividad.

El texto incluido en las serie Studies in Intelligence [Vol I, nº 1, 1997] prometía ser polémico. Por un lado se reconocía la manipulación informativa. Por otro, se admitía que la CIA siempre había intentado esconder su interés en el asunto.

Aunque las motivaciones de la agencia presentadas en el texto distan mucho de ser las que algunos ufólogos han reivindicado, léase recuperación de cadáveres de extraterrestres, tecnología basada en ovnis estrellados, contactos con los alienígenas, etc., lo cierto es que la actitud de la CIA ahora reconocida no deja mucho margen para la confianza en ella, cosa que ha provocado no pocas preguntas sobre la fiabilidad real de dicho informe.

Para complicar las cosas parece que Haines admitió en una entrevista para un programa de televisión en EE.UU. que el informe había pasado una censura previa, antes de su publicación, pero aseguró que las partes suprimidas no estaban directamente relacionadas con el tema OVNI sino que mas bien concernían a temas de seguridad nacional.

En cuanto al incidente Roswell y al proyecto Mogul (ver Papers nº 10 y 23-24. 1ª Época), la Fuerza Aérea publicó un nuevo informe de doscientas paginas algunos días antes que viera la luz el documento de Haines; que menciona el hallazgo y revisión de nuevos documentos sobre el incidente.

Lo curioso es que las autoridades competentes respondieron con anterioridad a varios solicitudes de FOIA (Acta de Libertad de Información) que tales documentos no existían, que se habían destruido o extraviado. Todo esto quizá no signifique nada más que la poca eficacia de las administraciones para movilizar millones de documentos de forma versátil y rápida.

Algunos analistas militares vinculados con la Fuerza Aérea y diversos investigadores OVNI se mostraron incrédulos en cuanto al numero de avistamientos que Haines atribuye a los vuelos de los aviones espía SR71 y U2.

En España, un ejemplo lo tenemos impreso recientemente en la publicación paracientífica española Más Allá de la Ciencia, donde se mostraba esta desconfianza por boca del coordinador de la sección ufológica, Bruno Cardeñosa.

En el texto titulado «Más dudas sobre el informe de la CIA» (nº 107, Ene-1998, p.24) se indicaba que el último en sumarse a las criticas sería el físico de la Marina Bruce Maccabee, antaño acusado de colaborar con la CIA en tareas de encubrimiento, quien después de revisar los archivos del Proyecto Libro Azul (Blue Book) habría concluido que solamente un pequeño porcentaje de avistamientos pudieron realmente deberse a dichas aeronaves.

En el mismo artículo, se hace referencia a un estudio realizado por Más Allá de la Ciencia según el cual solamente existen dos casos con explicación oficial que coincidirían pormenores y gráficos con la forma del U-2, datados en 1952, fecha en la que todavía no volaba, a menos oficialmente, dicho avión espía.

Cabe señalar que la afirmación de que más de la mitad de los informes OVNI del final de los 50 y en los 60 pueden atribuirse al U-2 o similares procede, según Haines, de miembros de la CIA, y es un cálculo a posteriori. La afirmación más importante del texto con referencia a este punto es, en nuestra opinión, que se falsificaban explicaciones para encubrir las explicaciones reales.


En lugar de Ovnis, la pruebas apuntan a secretos militares

¿Objetos Voladores Mal Identificados?

Con el fin del milenio también se desata la fabulosa despensa de mitos, supersticiones, teorías apocalípticas, inquietudes metafísicas y un sin fin de fantasías más que son propias de los temores humanos a un futuro desconocido.

Algo similar acurre -según anticipó el psicoanalista Carl Jung- con quienes buscan en el cielo una respuesta a las inquietudes que no pueden satisfacer en la Tierra, dando paso a la existencia de los famosos y nunca comprobados Objetos Voladores No Identificados.

Tampoco en Chile escapamos a la verdadera galería de OVNIS que ha surgido en los últimos meses, con avistamientos en todo el país y decenas de personas llamando a los medios de comunicación para dar cuenta de un nuevo avistamiento.

Sin embargo, ¿qué tan real es la presencia de seres de otros planetas en nuestra atmósfera?, ¿se trata, más bien, de ilusiones ópticas provocadas y hasta fomentadas por los servicios secretos?

A pesar de quienes quisieran creer que no estamos solos en el universo, lo cierto es que hasta el momento las pruebas científicas apuntan en tal sentido. Es más, existen estudios bien fundamentados que denuncian a los OVNIS como el gran engaño del presente siglo, avalado inicialmente por el gobierno de Estados Unidos para proteger la investigación de nuevos prototipos de aviones de guerra.

Caso Rosewell

Según coinciden la mayoría de los ufólogos, la masificación del fenómeno OVNI comenzó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando decenas de pilotos de guerra creyeron ver extraños "platillo voladores" en medio de la batalla.

Pero la noticia que vino a consolidar la creencia en este mito ocurrió en julio de 1947, cuando un objeto se estrelló en el desierto de Nuevo México. Si bien los militares destacados en la zona pensaron que se trataba de un prototipo de avión de guerra accidentado, pronto decidieron ocultar el incidente a toda costa. Nada mejor, entonces, que hacer creer a la opinión pública que se trataba de una nave extraterrestre, lo que dio nacimiento al caso Rosewell.

¿Por qué?

Según afirman los ufólogos españoles Francisco Máñez e Iñaki Docio, "que se tratase de una sofisticada nave construida con tecnología altamente secreta era lo de menos, el público jamás debía enterarse de quienes habían perecido en el accidente".

A juicio de ambos investigadores, "si somos capaces de apartar de nuestra mente durante un instante la explicación extraterrestre que se nos ha impuesto durante años centrándonos en el análisis y comparación de estos relatos, nos encontramos ante lo que pensaron en un principio los militares, con un prototipo secreto, concretamente de la empresa aeronáutica Northrop Crop siendo lo más probable que se tratara de un YB-49".

"Estas alas volantes -agregan-, como se les denomina incluso oficialmente, fueron repetidamente probadas sobre el desierto de Nuevo México y sufrieron diferentes accidentes. En su construcción se emplearon nuevos materiales y singulares sistemas de control imprescindibles para las armas de ataque y defensa que incluían la invisibilidad electrónica, la localización y aniquilamiento del enemigo gracias al uso de radiofrecuencias e incluso la destrucción del adversario mediante la colisión física del propio aparato".

La investigación de Máñez y Docio revela que en 1927 el ingeniero John Northrop fundó una empresa que sólo dos años más tarde construiría el primer ala volante de la que se tienen noticias oficiales, pues la patente de este diseño pertenecía al alemán Hugo Junkers, y pese a que otros aviones de Junkers desempeñaron un papel fundamental en la Segunda Guerra Mundial, el uso de alas volantes por parte de la Luftwaffe no ha sido jamás reconocido como un hecho comprobado.

Secretos militares

Sin embargo, el mayor motivo de secreto resulta aún más escalofriante, sobre todo con la convicción de Máñez y Docio de que "a lo largo del tiempo el Pentágono ha preferido justificar lo ocurrido hablando de globos sondas o meteorológicos, artilugios preparados para detectar pruebas atómicas en la desaparecida URSS o alentar de forma encubierta la explicación extraterrestre.

¿Por qué mantener este secreto a toda costa?

Siguiendo las descripciones de los testigos en el caso Rosewell, la hipótesis de Máñez y Docio plantea la posibilidad de que estas personas vieron en realidad niños y los confundieron con extraterrestres.

Añaden que Frank Kaufmann, oficial militar asignado por el Pentágono para estudiar el caso, jamás se refirió a extraterrestres y su dibujo muestra una figura similar a la de un niño vestido con un uniforme de cadete sobresaliendo la semejanza en la confección del cuello de la chaqueta que sigue la moda militar de la época.

"Pocas dudas quedan sobre lo que causó la muerte de los seres. Pieles grises y azuladas son típicas de personas que han muerto debido al calor y a la falta de oxigeno producida por el humo, a lo que se debe añadir las desfiguraciones faciales ocasionadas en ojos, orejas y nariz que quedan transformados en una burda copia de lo que fueron", sostienen ambos ufólogos.

"Un caso escandaloso de esos mismos años -recuerdan- es el de los 36 recién nacidos pertenecientes a una capa social baja sometidos al suministro de concentraciones especiales de oxígeno en las incubadoras para ver si esa era la causa de la ceguera observada en otros pequeños de una capa social alta (denunciado en 1953 en Journal American medical association), cuyo resultado fue cegueras totales o parciales irreversibles".

Ilusiones dirigidas

Tal vez muchas personas podrían considerar una pérdida de tiempo y una labor sin sentido la investigación de un caso tan antiguo como el de Rosewell, pero -según advierten Máñez y Docio- "debemos tener en cuenta que si los avistamientos de la Segunda Guerra Mundial crearon el arquetipo de OVNIS con forma de plato, el incidente de Rosewell dio pie al de un tipo de extraterrestres que recuerdan a niños o incluso fetos humanos".

Además, no pasa desapercibida la similitud entre los raptos protagonizados hoy en día por extraterrestres y los efectuados a lo largo de la historia por demonios y diablos.

Varios investigadores, entre los que destaca el estadounidense Alvin Lawson, insisten en la relación existente entre el desarrollo de estos hechos y la superchería propia del ser humano, dispuestos a ver lo increíble donde sólo están sus dudas y temores de fin de siglo.

Los hilos invisibles de la CIA

Más de la mitad de los OVNIS observados en los Estados Unidos durante los años 50 y 60, realmente fueron una ilusión fomentada por la Agencia Central de Inteligencia para proteger proyectos de seguridad nacional, especialmente los aviones U-2 y del SR-71.

El engaño fue reconocido el 2 de agosto del año pasado por la propia CIA a través de Internet, donde cualquiera puede leer un documento de 20 páginas -7 de ellas de bibliografía- sobre la historia oculta del fenómeno de los platillos voladores.

El informe, titulado "El papel de la CIA en el estudio de los Ovnis 1947-1990", es obra de Gerald Haines, historiador del servicio secreto.

Según Haines, la CIA se empezó a interesar por los Ovnis en 1947, ante el temor de que estuviera en juego "la seguridad nacional". Desde entonces, controló de cerca los proyectos militares de investigación sobre la materia. En 1949, las Fuerzas Aéreas presentaron sus primeras conclusiones tras dos años de estudio: no había pruebas de que el 10% de casos inexplicables correspondiera a ingenios de una potencia extranjera. El país no estaba en peligro.

El interés de la agencia por los ONVIS decayó a finales de los años 60, al tiempo que los ufólogos intensificaban sus presiones ante la CIA. Esto permitió que en 1975 -gracias a la Ley de Libertad de Información- se hayan abierto más de mil folios del archivo de la agencia dedicados a los Ovnis, documentos que siempre han decepcionado a los ufólogos porque no aparecen los extraterrestres por ningún lado.


Jesús David Rueda Polo
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