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Los Ovnis...


FENÓMENOS AÉREOS ANÓMALOS E INTERVENCIÓN DE AVIONES MILITARES


Una de mis especialidades dentro del campo de la investigación ufológica se centra en las observaciones OVNI relacionadas con la aeronáutica, tanto militar como civil.

En esta clase de casuística lógicamente se incluyen los encuentros en el aire entre presuntos fenómenos aéreos anómalos (OVNI) y aviones militares del Ejército del Aire español. En el presente, y breve, trabajo pretendo centrarme en este aspecto concreto.

En mi archivo aeronáutico constan aproximadamente un centenar de casos OVNI con intervención de aviones militares, pero de entre ellos sólo trataré los confirmados o de mayor fiabilidad, siendo excluidos los restantes.

Se puede decir que en el ámbito geográfico español existen un total de 48 casos de cierto relieve en que aviones en vuelo del Ejército del Aire han tenido encuentros, intencionados o casuales, con presuntos fenómenos OVNI en los que se han visto involucrados 95 pilotos militares (algunos de ellos con más de una observación), en el período temporal comprendido entre los años 1962 y 1995, tal y como se refleja en el desglose por décadas del cuadro 1.

En cuanto al horario, es ciertamente significativo que la mayoría de casos sucedieran en horas diurnas, es decir, completamente al contrario de la casuística general del fenómeno OVNI (cuadro l).

Pasando a la tipología del fenómeno, podemos indicar que en 16 casos el presunto objeto anómalo no pudo ser detectado por los radares militares (tanto de tierra como de los aviones), en otros 26 casos el avistamiento fue radar y visual simultáneamente y en 6 casos el avión militar no logró establecer contacto visual con el presunto objeto a pesar de que éste sí era detectado por los radares en tierra.

En cuanto al número de aviones militares que intervienen por caso, este aspecto se divide en dos apartados: intervención de un solo avión en 32 casos e intervención de dos o más aviones: 16 casos.

El cuadro 2 detalla el modelo de los aviones militares involucrados y en cuántos casos han intervenido.

Una parte muy importante de los encuentros en vuelo entre aviones militares y presuntos fenómenos aéreos anómalos se producen de forma intencionada por scramble, es decir, por despegue en alerta del avión para localizar e identificar el objeto o fenómeno.

Esto se ha producido en 30 casos, otros 12 casos han tenido lugar durante ejercicios aéreos y, por último, 6 casos sucedieron en vuelos regulares de traslado de aviones militares de una base a otra.

Del total de 48 casos utilizados en este trabajo, se ha encontrado una explicación convencional o natural a 30 de ellos, otros 13 siguen siendo inexplicables hasta el momento y los 5 casos restantes se encuentran pendientes de conclusión definitiva.

En cuanto a la clase de explicación de los 30 casos esclarecidos, es decir, que no se trataban de OVNIS, se pueden dividir en cuatro apartados distintos:

Desglosando el primero de los apartados, podremos ver que 5 de los casos fueron provocados por aviones civiles (fuera de ruta o de horario, etc.), 6 casos por aviones militares (incluidos 4 casos por aviones norteamericanos tipo F-111, SR-71A, TR-1, etc.), 2 casos por helicópteros militares y los 2 casos finales


O V N I L A T R Í A
Los cultos platillistas y la prensa
Aportes de un periodista investigador del fenómeno,
para un mejor tratamiento de la especialidad.
 
    Contactismo
    Desde hace unos cuántos años, el tema de los ovnis y los extraterrestres ha despegado de aquella tan primaria polémica que no iba mucho más allá del fenómeno en sí, para elevar la discusión a las razones por las que esos seres puedan venir. Ya son muchas las personas que han trascendido el interés por la casuística de avistamientos o evidencias físicas, porque han pasado al plano de los contactos y mensajes cósmicos. Muchos ya no están pendientes de los reportes de la prensa, ni interesados en bibliografía o conferencias sobre el fenómeno ovni, porque ya están en el nivel del conocimiento que dicen que se ha recibido de seres extraterrestres por parte de aducidos o canalizados. Muchos han tenido esa experiencia personal, y han formado grupos y publicado las enseñanzas cósmicas recibidas. Y muchos los han seguido, como activistas de esos grupos, o bien como adherentes externos, de modo pasivo, no visible socialmente, sino sólo vivenciable a nivel interno o, a lo sumo, compartido en charlas con unos pocos de pensamiento en sintonía.
 
    Un fenómeno social inadvertido
    Todo este movimiento, en parte visible, y en parte silenciosamente imperceptible para quien no está en el tema, se mueve por debajo de las apariencias que, en la vida cotidiana, toda esta "gente diferente" muestra. Es decir, que no se trata de gente como Fabio Zerpa o como algunos otros que, vayan donde vayan, los marca ante la vista de los demás esa fama de estar en algo "raro", de ser "raros"; se trata de gente que habla de fútbol o de frivolidades con la gente "común", pero que se muestra en aquello otro reservado, cuando se encuentra con personas de pensamiento semejante. Por esto de cuidar las apariencias para no ser rechazado en la sociedad, es que esta sociedad (la de la gente "normal", "común") ignora que entre sus fisuras fluye una sustancia invisible para quien no está en la sintonía; un fluído compuesto por millones de mentes distintas, que se ramifica como las venas y arterias bajo la epidermis del cuerpo social, y que se va extendiendo crecientemente a medida que la difusión de la temática cósmica aumenta.

   Snobismo espiritual
    Una de las fuerzas más notables en la sociedad, para determinar el comportamiento de los individuos, es la moda. Si la moda impone una determinada vestimenta, la gran mayoría sabrá que deberá llevarla puesta sin resistirse. Y si la moda es que los artistas, las modelos y otras personas de éxito social y económico hablen de espiritualidad, habrá que entrar también en el tema, "para no quedarse afuera", para estar en eso en lo que "parece ser que hay que estar", porque si no, no se estará en condiciones de "ser como esa gente es, hablar de lo que habla y estar integrado". Este concepto snobista ha llevado adelante gran parte del movimiento de la New Age, liberando a la charla televisiva, de café o de oficina, las otrora inconvenientes conversaciones sobre extraterrestres, gnomos o ángeles, que exponían al  desprestigio a quien hablara al respecto. Quien, hoy día, se muestra ajeno a esa temática, en especial en la farándula, puede ser visto como anacrónico, cerrado mentalmente, pobre interiormente y, en consecuencia, falto de virtudes como persona. Así funcionando esta mecánica de ser como Shirley Mac Laine o como Zulma Faiad, desde que descubrieron lo místico; como John Travolta con la dianética o Jorge Mayorano con los extraterrestres de Sixto Paz Wells, estos pioneros de la temática en el ambiente artístico, en principio vistos como metidos en cosas raras, se fueron constituyendo en referentes, paradigmas instalados en la imagen horizonte de lo que la gente quisiera lograr a cierta altura de su vida, en busca de su plenitud interior y el conocimiento de las realidades trascendentes a nivel cósmico.
    La espiritualización como moda, es, entonces, el artificioso mecanismo de meterse en tema para no quedar afuera de "la onda", pudiendo ser mal visto por los que participan de ella, perdiendo posibilidades de comunicación e integración con ellos que, tiempo atrás, eran los marginados, los discriminados, por parecer "delirantes", pero que ahora están pasando a asumir el mando, perfilándose para ser ellos los que marginen y discriminen a los que no se adhieran a esta corriente cultural. Esto se viene insinuando, y van perdiendo terreno los prejuicios que dificultaban la expresión de pensamientos e información sobre lo cósmico, lo extraterrestre.

   Periodismo ovniológico
    Se ve, entonces, más gente revelando sus creencias al respecto, y ciertos medios están permanentemente abiertos para personas así. Pero otros medios, la mayoría, rara vez dan lugar a que esta gente hable, por lo que cuanto pueda haberse visto hasta ahora sobre personas dedicadas a la temática en cuestión, es sólo la punta del iceberg. Y por presuponer que la realidad de la cuestión es sólo esa punta que aflora, el periodismo en general, no se ha ocupado seriamente de esta problemática social. Sólo unos pocos periodistas han sabido percibir este fenómeno social del Contactismo, en su dimensión "under", es decir, la masa gélida sumergida que para el resto de la prensa permanece ignorada, salvo esa pequeña punta emergente.
     Es comprensible que estos periodistas con la percepción amplia y profunda del fenómeno sean tan pocos. Es que el descubrimiento de esta realidad oculta para la mayoría, no se produce por estudiar periodismo, ni por ejercerlo, pues no hay una especialidad periodística académica al respecto, y no hay una "sección extraterrestres" en los diarios, ni en los informativos radiales y televisivos. Lo único que puede llevar a un periodista a descubrir cómo funciona esta problemática social en torno de la cuestión extraterrestres, es la investigación del tema, desde los más primarios niveles del estudio del fenómeno ovni, hasta los más complejos mecanismos mentales parapsíquicos relacionados con los mensajes telepáticos desde el cosmos. Esto es, ni más ni menos, que ser un ovniólogo: no hay posibilidad de ser un periodista especializado en la temática, sin ser un especialista en la temática. Como no se puede ser periodista deportivo sin saber de deportes, y así con cada especialidad.
    De los más conocidos periodistas que escriben sobre ovnis en revistas, que las editan, o que conducen programas, muchos son estudiosos del tema extraterrestres. O bien, enunciando el orden real de los términos, han sido estudiosos del tema que, para poder divulgarlo, tuvieron que incursionar en el periodismo. De esta suerte, así como no podría concebirse la idea de un periodista de espectáculos que escriba sobre cine y no le guste ver películas, tampoco es concebible que un especialista en periodismo ovniológico deteste el tema ovni o le sea indiferente; premisa ésta por la cual puede inferirse que no es el espíritu periodístico el que ha hecho y siga haciendo posible la difusión del tema, sino que la difusión ha sido y seguirá siendo posible gracias al espíritu investigador de creyentes en el tema, interesados y apasionados. De esto se deduce también que la formación de gente de prensa que vaya a estudiar la especialidad ovniológica, tendrá que seguir siendo autodidacta, porque académicamente no es de esperarse que el espíritu periodístico de quienes diseñan los programas de estudio, pueda estar a la altura de los tiempos que se viven: en cincuenta años del tema ovni como materia periodística de constante tratamiento, ninguna universidad o instituto se ha preocupado por preparar periodistas que, ante algo tan trascendente como la posibilidad de presencia de seres de otros mundos en la Tierra, sepan qué y cómo informar correctamente sobre casos, cómo tratar con testigos, cómo encontrar las claves de un relato falso o de uno veraz, cómo aquietar o agitar el ambiente, según convenga cerrar un caso o profundizar en esclarecerlo; qué fuentes consultar para tener explicaciones valederas, qué fuentes evitar para que no haya información engañosa...
    El profesionalismo periodístico que requiere resolver todas esas y muchas otras cuestiones claves para cubrir un caso, debe nutrirse, necesariamente, de ese gusto por el tema, de esa pasión que tiene el ovniólogo, porque, si no, la cosa no funciona. Y, salvo que el ovniólogo trabaje silenciosamente para elaborar informes que la prensa publique, él deberá saber que lo mejor será que él mismo salga a divulgar lo que sepa o investigue. Esto puede hacerlo en carácter de entrevistado en los medios, o consiguiendo en los medios espacios en los cuales escribir o conducir programas. De ahí que meterse a estudiar ovnis suponga una previsible posibilidad de tener que ir a parar al periodismo, para lo cual convendrá capacitarse en esta actividad.
    El autor de esta nota, por intuición o por reflexión, sabía que esto era así, y una de las razones por las que estudió periodismo y comunicación social, fue su interés por los extraterrestres y su aspiración a divulgar el tema por los medios. Ya graduado y ya pasado por varios centros investigadores y por grupos de contactos con extraterrestres, está en condiciones de fundamentar en su experiencia personal, esto de que un periodista cualquiera que se ponga a cubrir un caso ovni, o un hecho social o algún testimonio personal sobre extraterrestres, será un peligro por su ignorancia de la materia que estará tratando. Hará peligrar la reputación de personas, echará a perder testimonios útiles de unos y destacará intrascendencias de otros, alarmará donde no hubo algo grave, o tomará a la ligera la odisea y las secuelas mentales de un aducido o de un contactado con seres de intenciones dudosamente benévolas.

    Estudioso de la ovnilatría
    Dentro de este enfoque, el autor supo advertir entre tantos estudiosos y divulgadores del tema, periodistas o no, la presencia de un sujeto que, en la Argentina, era único en su género, y uno de pocos similares en el mundo. Alguien que al autor se le parecía mucho en ciertos aspectos: apasionado crédulamente en la adolescencia, luego defraudado y desencantado por gente estafadora de la confianza que se había puesto en ella, con la consecuente desconfianza, de ahí en más, en los pseudogurúes de la mística extraterrestre y los pseudocientíficos de las disciplinas de "apertura". También incursionado en el periodismo, sorprendió a ex amigos fanáticos de los ovnis como él lo era, publicando cosas incomprensibles para ellos, acerca de los fraudes de los supuestos contactados, y de la falsedad de evidencias físicas de fenómenos ovni, que la colectividad de creyentes ha mitificado como pruebas contundentes.
    Su primer trabajo periodístico trascendente en lo que a efectos se refiere, apareció en la doble central del diario Página/12, con el título "LOS INVASORES", y la volanta "Las sectas de los platillos voladores". Era martes 13 de agosto de 1991, y fue comentario obligado de casi toda la gente que estaba en algún grupo contactista de los allí mencionados, y de interesados en general en el tema ovni. ¿Quién sería el firmante, Alejandro César Agostinelli?, se preguntaron muchos. Y a partir de allí, ese nombre pasó a inspirar odios y paranoias persecutorias en el ambiente místico de los ovnílatras. Todos sabían que, en cualquier momento, podía tocarles aparecer en alguna nota suya, ser nombrados en algún programa, o ser investigados por "la Iglesia, el gobierno y hasta la CIA", porque, para unos, él era del Opus Dei, así como, para otros, trabajaba para los servicios de Inteligencia del Estado, o de los Estados Unidos...
    Bajo su apariencia de escéptico, aparente negador de todo lo extraterrestre y metafísico, se escondía una secreta pasión: algo de cierto habría, para él, en el fondo de toda esta irrealidad de delirantes y farsantes; algo que desequilibra a unos y es aprovechado por otros con fines comerciales o ególatras; algo hay que no viene de este mundo, y que se está desperdiciando por culpa de cierta gente que maneja mal la cosa. Quizá esa creencia era la verdad de fondo que impulsaba a este aparente inquisidor contra la ovnilogía mística, quien era, en realidad, un bien fundamentado denunciante de las manipulaciones mentales de ciertos contactados sobre sus seguidores. Y decir "bien fundamentado", significa disponer de información al respecto, con nombres, lugares, fechas y situaciones, en un archivo año a año creciente, al punto de que, hoy por hoy, nada más completo existe en el hemisferio sur, y sólo unos pocos investigadores en Europa y Estados Unidos disponen de archivos semejantes.
    No cabe pensar que quien más sabe en la Argentina, y uno de quienes más saben en el mundo sobre cultos platillistas, esté dedicando su vida a una temática cuya materia prima, el ovni y sus ocupantes, no exista para él. Sin embargo, le han hecho fama de escéptico, y de malgastar su existencia en negar algo, en vez de dedicarse a afirmar algo en positivo. Así se ve del lado de quien resulta afectado por sus denuncias o críticas. Pero el autor del presente trabajo se ha ocupado de colocarse en posición imparcial para estudiar el caso Agostinelli, y la observación es muy distinta desde esta perspectiva que desde la óptica del estudiado por este periodista ufólogo. Porque el fanático sumido en la ovnilatría, al saberse estudiado y descubierto en sus puntos débiles, contraataca indefectiblemente, no necesariamente con verdades sobre quien lo estudia. Entonces, Agostinelli trabaja para "los servicios", es un "ovniólogo resentido" o un "retrógrado inquisidor". La visión imparcial del caso, no permite, en cambio, obnubilarse (ovnibularse) con estas paranoias difamatorias.
    Agostinelli abrió un nuevo concepto en información periodística en la Argentina, dentro del tema ovni. Centró su trabajo en el aspecto sociológico y psicológico del asunto, el cual merece un tratamiento mucho más delicado que la parte técnica del fenómeno ovni. Advirtió que, a estas alturas, es tiempo de conocer a fondo cómo el contactismo surge, como se desarrolla, cómo se multiplica, cómo decae y cómo se extingue o cómo consigue sobrevivir, rehacerse y resurgir cíclicamente, a partir de qué factores sociales, culturales; de qué manejos ocultos, o bien de qué acontecimientos espontáneos. Y comprobó que estudiar a gente que estudia a los extraterrestres, resulta tanto o más apasionante que estudiar ovnis. Que ver en funcionamiento un grupo donde se dice que hay contactos con extraterrestres, brinda un caudal increíble de información sobre las situaciones que atraviesan el líder o el miembro de una agrupación tal. Muchas veces, situaciones que no reflejan la evolución mental que debería caberle a un "iluminado" por esa supuesta transmisión de mensajes cósmicos supuestamente positivos.
    Esta problemática, en la que el fanatismo irreflexivo conduce a la subordinación sumisa a supuestas directivas cósmicas, hace de la ovnilatría una pseudorreligión con muchos más adeptos de los que se supone: demasiada gente está a la espera de la salvación extraterrestre, aunque la ignorancia del periodismo sea la razón por la que este serio problema parece no existir. Parece que los ciudadanos no están expuestos a ningún desequilibrado que induzca al suicidio para irse de este mundo con ayuda extraterrestre, pero cada tanto el desequilibrado aparece, y los diarios ya no pueden alertar sobre él a decenas de personas, porque ellas ya cayeron en su trampa y murieron, y ningún periodista se había ocupado de concientizar a la sociedad sobre estos peligros. Movilizado por el caso policial, después viene el periodismo reaccionario, ignorante de qué es peligroso y qué es inofensivo en este terreno de los grupos contactistas pseudoreligiosos, y promueve una "caza de brujas" contra cualquiera de estas  "sectas" para ellos sospechosas.

    El trabajo que Alejandro Agostinelli ha venido realizando durante ésta década, nada tiene que ver con ese mal periodismo de los que sólo se ocupan de estas cosas en el momento en que explotan, sin capacidad para saber tratar el tema, sin información de archivo para fundamentar datos con antecedentes, y sin opinión calificada para confiabilidad del público. Revistas especializadas como Año Cero, Conozca Más y Descubrir, y el diario La Prensa, han publicado trabajos suyos en que ha divulgado información inédita sobre toda esta temática. En la producción del programa televisivo Frente a Frente, en América 2, ha reunido ovniólogos, contactados, creyentes, escépticos, y hasta quien dice ser extraterrestre, dando lugar a debates que, en heterogeneidad de puntos de vista, no tenían antecedentes en el país. Y, sin embargo, los directivos del canal, al ignorar que tan singular potencial estaba guardado en la mente de un, para ellos, ignorado miembro de un equipo de producción de uno de sus programas secundarios, desaprovecharon durante bastante tiempo esa mente apta para proyectos sin competencia posible por parte de otros canales; porque no hay dos Agostinellis en el país, ni en proximidades. Una mente y una trayectoria con un producto periodístico por muchos conocido, pero por pocos reconocido, que tampoco las editoriales supieron detectar.
    Para el autor de este trabajo, en cambio, detectar a este sujeto y valorar su labor ha resultado muy sencillo. Porque para quien sabe bastante de lo que él conoce, encontrarse en el camino es inevitable, y eso fue lo que pasó. Haber dado con esta persona ha significado saber que, desde que escribe sobre estas cosas, la Argentina no es uno de esos países donde un loco suelto puede armar un grupo contactista y manipular a la gente sin que nadie se entere: pase lo que pase y por cerrado que sea el grupo, Agostinelli al final se entera de lo que pasa, lo publica, y siempre habrá quien, así advertido, se salve gracias a eso. Pero la Argentina tampoco es uno de esos países donde el periodismo no idóneo en estos temas asumirá el control de la información incorrecta, desorientando a la gente, creándole fantasmas donde no los hay: la palabra de Agostinelli puede, ante tal amenaza, aportar el dato o el juicio justo para que no se sobredimensione un hecho y no se genere a la gente de estos grupos, mayores problemas que los realmente ocurridos allí.
    Sin embargo, los medios en la Argentina ignoran que aquí, en esta persona, hay un potencial de investigación y de información que está siendo desaprovechado por este país. Esta apreciación es hecha considerando que, si cada uno estuviera donde debería estar para que un país funcione, un periodista con una especialidad en la que nadie mejor que él aquí para hacer escuela, no debería estar limitado a escribir algunas notas para revistas y estar en la producción de algún programa en el que poco puede aportar de lo suyo.
    Pero hay que considerar que esto recién empieza, y que no debo ser el único capaz de descubrir esta clase de talentos, a los cuales ayudar a proyectar hacia planos más trascendentes en los medios, pues dar a conocer a esta persona para que se la conozca y reconozca, tiene el propósito último de que, quienes por estas páginas la descubran y recurran a su profesionalismo, creándole condiciones para que desarrolle su labor, hayan de servir para que la sociedad reciba todo ese conocimiento que, en cuentagotas, actualmente él está consiguiendo suministrar, y que esa tarea de difusión que pueda cumplir, permita a la sociedad esclarecerse sobre temas tan velados y confusos como el de todo esto que está pasando con la gente, en buena medida dentro o en relación con ese fenómeno de la New Age, y que está requiriendo más profundización periodística de la que se le dedica.
 


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Jesús David Rueda Polo
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