Al 20 cumpleaños de la misión Vikingo han venido a
celebrarlo nuevos hallazgos que hablan de posibilidad de vida
marciana. Si los resultados de aquella misión sólo trajeron
desilusión, tras un camino lleno de sorpresas, ilusiones y
nerviosismo, ahora parece que se ha hallado aquí lo que no hubo
manera de encontrar allá. En aquella ocasión los experimentos realizados sobre las
rocas de la superficie marciana (todos ellos venían a ser como
dar de comer a los supuestos, y forzosamente famélicos,
marcianos: a falta de poder observarlos directamente, podría
observarse su reacción) evidenciaban la liberación de oxígeno,
casi como si de explosiones se tratara. Experimentos repetidos una y otra vez con los materiales
recogidos en un páramo desolado, situado cerca de la
desembocadura de uno de los grandes ríos secos que quizá
condujeron agua hace muchos millones de años, y denominada con
el nombre de Chryse, o en una llanura bautizada como Utopía (el
segundo Vikingo), una zona volcánica muy al norte del primer
Vikingo. Pero al esterilizar las muestras la liberación cesaba.
Joan Oró fue el primero en proponer un origen no orgánico para
el fenómeno, simplemente químico. En los dos últimos años se ha trabajado con una serie de
meteoritos encontrados mayoritariamente en la Antártida e
identificados como de procedencia marciana. A fines del año pasado se concluía, a partir de los
análisis de uno de ellos, que Marte debió poseer en su pasado
remoto una atmósfera parecida a la de la Tierra. La gran noticia vino cual serpiente de verano: Un equipo de
la NASA y científicos de Stanford presentaron lo que ellos
denominan circunstancial evidencia de que en Marte hubo vida
microscópica hace aproximadamente tres mil millones de años. La
conclusión está basada en el sofisticado análisis a que ha
sido sometido otro meteorito encontrado en la Antártida en 1984. La noticia venía asomando desde marzo pasado pero no fue
hasta el pasado 6 de agosto en que se hiciera su presentación
oficial en Washington por parte del equipo de científicos: tres
de la NASA, cuatro de la Universidad de Stanford, uno de la
Universidad McGill, en Canadá y otro de la Universidad de
Drawer, en Georgia. El acontecimiento fue utilizado por el gobierno para restar
protagonismo a la convención republicana. Es año de elecciones
y por tanto no es sorprendente la reacción de la Casa Blanca.DE FÓSILES MARCIANOS Y ECOSISTEMAS
JOVIANOS
DE MARTE A LA TIERRA
Millones de años después, el choque de otro meteorito sobre la superficie de Marte lo arrancó y catapultó al espacio exterior, iniciando un vuelo de 16 millones de años antes de caer en la Antártida, hace 13.000 años, y de ser hallado en 1984. En su periplo fue "adelgazando" hasta alcanzar su peso actual de 1,9 quilos. En total, la roca tiene entre 4.000 y 4.500 millones de años de antigüedad.
El presidente Bill Clinton no perdía oportunidad para declarar: "Estoy decidido a que el programa espacial americano emplee todo su poder intelectual y su valor tecnológico para la búsqueda de mayores evidencias de vida en Marte."
También resaltó que su gobierno "está comprometido a mantener un plan de exploración de Marte por medio de robots". En noviembre próximo será lanzado el Mars Pathfinder, un robot que aterrizará en Marte en julio de 1997 y recogerá muestras del planeta, mientras que poco después saldrá el Mars Global Surveyor, un satélite que comenzará a orbitar Marte en marzo de 1998 y que enviará imágenes de alta resolución sobre la topografía del planeta rojo.
Al meteorito se le bautizó AHL-84001, siglas de Allan Hills, el lugar donde fue descubierto así como el año y la numeración dentro del lote. La NASA dispone de una docena de estos meteoritos clasificados como provenientes de Marte.Sin embargo, y teniendo en cuenta la afición de los americanos a buscar siglas con doble significado, hay quien no ve en AHL otra cosa que Alien Life Hypothesis (Hipótesis de vida alienígena).
La investigación se inició en 1994. Para su estudio, el meteorito fue cortado en rodajas finísimas pudiéndose averiguar de esta forma que contenía compuestos de carbono, depositado entre sus fisuras cuando penetró agua hace unos 3.600 millones de años.
La NASA explicó que al parecer ciertos organismos vivientes habían tomado parte en la formación de los carbonatos, y algunos de ellos, de tamaño microscópico, habían quedado fosilizados en el meteorito, en forma alargada y segmentada, parecida a otros fósiles de vida terrestre.
Lo de prueba circunstancial, precisamente, viene de este hecho, pues lo que se ha encontrado son sólo microestructuras -fosilizadas- que hacen pensar en un posible origen biológico.Como confirmara el propio jefe del equipo científico, David McKay, cada uno de estos puntos puede tener explicaciones alternativas, pero juntos constituyen evidencia de vida primitiva.
Sobre ello no han tardado en pronunciarse otros científicos (incluido Carl Sagan), todos los comentarios son de prudencia y escepticismo, e incluso se ha apuntado la posibilidad de que el material orgánico encontrado no sea otra cosa que el producto de la contaminación sufrida por esa roca al estrellarse sobre la tierra.
Los compuestos asociados a la actividad bacteriana encontrados en el meteorito son hidrocarburos policíclicos aromáticos (PAH) y glóbulos de carbonato y minerales secundarios asociados. El siguiente paso es buscar rastros de aminoácidos, lo que acabaría por confirmar lo que hasta ahora es sólo una hipótesis.
Ninguno de los científicos ha perdido la noción de la realidad y ante la posibilidad de que se empezara a especular más allá de lo simplemente dicho, se apresuraron a recalcar que los rastros de vida detectados no suponen que ésta exista actualmente en Marte.
Incluso se le oyó decir al director de la Agencia Espacial de EEUU, Daniel Goldin: Quisiera que todo el mundo sepa que no estamos hablando de hombres pequeños y verdes. La pregunta que órbita ahora es qué sucedió con esta vida primitiva recién vislumbrada, si desapareció o si, simplemente, se refugió en el subsuelo marciano al hacerse más difíciles las condiciones externas del planeta.
Pero si alguno piensa que estos descubrimientos son demasiado débiles en sí mismos y harto convenientes para un presidente en elecciones y una NASA en busca de mejoras presupuestarias, la prensa no ha esperado ni unas horas en encontrar el relevo en otra noticia mucho más convincente.
La sonda Galileo enviaba por las mismas fechas la confirmación de lo que ya se daba como cierto: Europa, la segunda luna de Júpiter, está totalmente cubierta de agua, en estado líquido o congelado.
Océanos que llegan a marcar hasta una profundidad próxima a los 100 Km. (en la Tierra el máximo alcanzado es de apenas 12 Km.).
Si se confirmara que Europa posee un corazón caliente, el interior del planeta sería un gigantesco mar oscuro, lugar ideal para la lenta evolución de formas de vida extraterrestre, formas que se alimentarían del calor planetario y no de la energía solar, bacterias que encontrarían alimento en la actividad volcánica interna, de la gran variedad de productos químicos liberados por ésta.
Y esta comunidad bacteriana haría funciones análogas a la de las plantas entre nosotros, creando un ecosistema permisivo para otras formas de vida más evolucionadas y obviando los -145ºC detectados en la superficie.
E, igualmente, esa actividad biológica sería la causa de la ionización de la atmósfera de Europa, permitiendo disociar las moléculas de agua y hacer que el oxígeno escape en pequeñas cantidades. Como ha dicho el oceanógrafo John R. Delaney con Marte, hablamos de evidencia fósil. Pero donde hay una fuente de calor viva y una masa líquida, hay potencial para la existencia de organismos vivos hoy en día.
Las imágenes recibidas hasta ahora muestran una superficie lisa y helada, quebrada en numerosos puntos. Quiebras que podrían ser debidas a actividad geológica interna y que dan ese aspecto al satélite de poseer grandes canales líquidos internos: el vulcanismo interno origina una fuente de calor suficiente para que el hielo de la superficie se renueve y sólo conserve los cráteres de los impactos más recientes.
Para terminar de investigar este alentador mundo, se ha empezado a presionar para que la misión Galileo se alargue otros dos años (está previsto su fin para 1997) y se aproveche para que vuelva a acercarse, esta vez, mucho más a Europa.
Ahora sólo queda un cuerpo en el sistema solar candidato también para albergar vida, es el caso de Titán, un satélite de Saturno.
Vamos aun queda mas de esto...
Jesús David Rueda Polo